El exilio

Caído el frente del Norte, y tiempo después, con la derrota de la II República y el final de la Guerra Civil, medio millón de españoles y españolas cruzan los Pirineos huyendo de la represión de la dictadura franquista. Entre otros, miles de vascos y vascas que, fieles a la República y de ideología diversa (socialistas, anarquistas, nacionalistas, etc.), se instalan en Francia con la esperanza de regresar de nuevo a su patria para acabar con el nuevo régimen gracias al apoyo de las democracias occidentales. Los acontecimientos que sucedieron poco después en Europa vinieron a truncar sus sueños.

Prisioneros franceses durante la Batalla de Francia, en 1940.

La acogida del gobierno francés es fría ya que cientos de miles de personas exiliadas son enviadas a campos de internamiento, como el de Argelès-sur-Mer, en Perpignan, y el tristemente famoso campo de Gurs, en el Beárn, junto a la frontera con Zuberoa, donde en mayo de 1939 se contabilizan 6.555 personas de origen vasco. El gobierno vasco en el exilio consigue liberar a gran parte. Hay quienes comienzan un nuevo exilio hacia Latinoamérica y otros destinos; también quienes permanecen en Francia sin conocer el trágico destino que les espera.El gobierno francés va a vaciar estos campos de internamiento poniendo al servicio de su ejército a los excombatientes republicanos. A las puertas de una guerra inevitable, necesita mano de obra para fortificar sus líneas defensivas.

De esta manera, muchos republicanos entran en las Compañías de Trabajadores Extranjeros y son enviados al noreste de Francia. Marcelino Bilbao, nacido en 1920 en Alonsótegui y combatiente del batallón Isaac Puente de la CNT, tras pasar por Argelès-sur-Mer y Gurs, es enrolado en la 25ª  Compañía de Trabajo y enviado a la Línea Maginot, línea de fortificación y defensa construida por Francia a lo largo de su frontera con Alemania e Italia. En mayo de 1940 la Wehrmacht avanza imparable por Sedán, en las Ardenas, desbaratando el plan defensivo francés. Marcelino Bilbao es hecho prisionero y enviado a un Stalag (campo de prisioneros de guerra). Otros muchos republicanos que formaban parte del ejército francés en batallones o alistados en la Legión Extranjera corren la misma suerte. José Luis Mazo, nacido en Barakaldo en 1918, es detenido en Orleans por el ejército alemán cuando formaba parte de la Legión Extranjera. El destino final de ambos será Mauthausen. Sobrevivirán.

El ejército alemán, en un principio, entiende que son prisioneros de guerra según los convenios internacionales. Sin embargo, el gobierno franquista no quiere saber nada de estos prisioneros. Son considerados “rojos que no eran españoles”. En agosto de 1940 comienza su deportación a los campos nazis.

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