La deportación

Son marcados con un triángulo azul, el reservado para los apátridas, y enviados a campos de concentración repartidos por la geografía europea: Dachau, Buchenwald, Flossenbürg, Neuengamme, el campo para mujeres de Ravensbrück, o Mauthausen, el campo donde fueron a parar gran parte de los deportados de origen español y vasco.

A la una y media de la madrugada, tras un largo viaje, tan pronto como se detuvo el tren, se nos hizo bajar a prisas y corriendo, hundiéndonos en la nieve hasta las rodillas. Un centenar de SS acompañados de perros nos esperaban. Culatazos, dentelladas de los canes, rugidos de los SS: raus, raus y los 800 hombres, aún soñolientos y la mayoría de ellos descalzos, tras una marcha forzada llegaron al campo. La noche era gélida, la temperatura rondaría los 20 grados bajo cero. Empujados por los SS y acosados por los perros, llegamos al centro de un círculo formado por alemanes que nos esperaban armados de porras y que se apoderaron de las escasas pertenencias que aún llevábamos”.
(Testimonio de Marcelino Bilbao extraído de Manuel Razola y Mariano Constante. Triángulo Azul: Los republicanos españoles en Mauthausen. Zaragoza: Gobierno de Aragón, 2008. Disponible en línea: http://www.ceibm.org/mariacons2222.html)

Algunos de los que no han caído ni se han integrado en el ejército francés en los primeros días de la guerra, empiezan a colaborar con la Resistencia en la Francia ocupada. Son los casos, por ejemplo, de Tomás Zubizarreta, zumaiarra nacido en 1907 afiliado al partido comunista, o de Julián Prior, donostiarra nacido en 1902. Ambos son hechos prisioneros y recluidos en Compiègne. El 21 de mayo de 1944 salen en el mismo convoy hacia Neuengamme. El primero no saldrá de allí. El segundo será liberado. El mismo convoy que comparten con Jorge Ramiro y Facundo Sáez, de Donostia, José Martiarena, de Irún, Clemente Sagarzazu, de Hondarribia, o Enrique Zudaire, de Tolosa.

Supervivientes del campo de concentración de Ebensee, en 1945.

Otros son arrestados por colaboracionistas. María Guesalaga, nacida en Zarauz en 1907, se exilió tras la Guerra Civil en Burdeos con su marido José Miguel Beguiristain, afiliado al partido comunista. La filiación política de este último levanta sospechas. José Miguel Beguiristain desaparece. María Guesalaga es detenida en abril de 1943 y enviada al campo para mujeres de Ravensbrück, 90 kilómetros al norte de Berlín. Logrará sobrevivir a esta aterradora experiencia.

En torno a 150 vascas y vascos pasan por estos campos de concentración bajo unas condiciones terribles. Marcelino Bilbao es utilizado como cobaya, junto a otros 30 prisioneros, en los experimentos del doctor nazi Aribert Heim.  Sólo él y otros seis prisioneros sobreviven. La mitad de las vascas y vascos que son deportados mueren en los campos de concentración. Otros fallecen poco después de su liberación.

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