La memoria

Muchas de las personas que sobrevivieron permanecen en contacto con sus compañeros y compañeras.  Desde el principio, comienzan una intensa actividad de recuperación de la memoria fundando varias organizaciones, entre las que destaca La Federación Española de Deportados e Internados Políticos o la Amicale des Déportés, Familles et Amis de Mauthausen. A finales de los años 50 consiguen que las autoridades alemanas reconozcan los derechos de estas víctimas y de sus familias.

Francia reconoce asimismo a estas víctimas y a las y los exiliados republicanos que lucharon en primera línea junto al ejército francés por la liberación, como el Batallón Gernika, que en abril de 1945 entra en combate contra los últimos reductos nazis en la Pointe-de-Grave. En el país vecino se han levantado varios monumentos que los recuerdan. Y aún hoy las y los exiliados republicanos supervivientes y sus descendientes siguen participando en los actos que conmemoran la liberación de París en agosto de 1944.

 

Tumbas de los replubicanos deportados al campo de Gurs.

Este reconocimiento exterior nunca ha llegado del estado español. Supervivientes de origen vasco y español de los campos de concentración tuvieron que enfrentarse al rechazo y la persecución por parte del gobierno de Franco hasta 1975, a pesar de la importante labor en la recuperación de la memoria que hicieron y continúan haciendo organizaciones como la Amical de Mauthausen, fundada en 1962.

La llegada de la democracia no ha venido a mejorar esta situación de reconocimiento de las y los deportados a campos de concentración.  El primero censo sistemático, además de los recogidos por organizaciones como la Amical de Mauthausen o la Amical de Ravensbrück, es del año 2006, 61 años después de la liberación de los campos.

 

La primera visita oficial de un presidente del gobierno a un acto de homenaje fue la que realizó en el año 2005 José Luis Rodríguez Zapatero a Mauthausen con motivo del 60 aniversario de la liberación de este campo. No existe ningún monumento oficial que recuerde a estas víctimas.

En Euskadi el panorama no es mucho mejor. Se han realizado actos de homenaje aislados por parte de instituciones públicas, como el realizado por el Gobierno Vasco en mayo de 2006 a los recluidos vascos en el Campo de Gurs, o el realizado en 2011 también por el Gobierno Vasco en Gurs erigiendo dos columnas que honran la memoria de milicianos y  políticos vascos recluidos en este campo. Otros actos han sido organizados por la sociedad civil, como el realizado por el Colectivo La Ilusión, de Errentería, en homenaje a Francisco Heras, fallecido en Gusen en septiembre de 1941.

Algunos familiares han conocido el paradero de sus víctimas recientemente, como es el caso de Arritxu Uranga, sobrina de Tomás Zubizarreta, que ha sabido de la muerte de éste en Neuengamme 65 años después, en 2010. Y muy pocos conocen las indemnizaciones que el gobierno francés, en un acto de reconocimiento, instauró en 2004 para los huérfanos y huérfanas cuyos progenitores fueron víctimas de “actos de barbarie durante la Segunda Guerra Mundial”.

En el ámbito de la memoria y el reconocimiento, las vascas y vascos tenemos un camino por hacer  y por recorrer.

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