Entrevista con María Luisa Guesalaga, sobrina de María Juana Guesalaga Etxaide.

María Juana Guesalaga nace en Zarautz el 3 de diciembre de 1907. El 15 de octubre de 1931 contrae matrimonio con José Miguel Beguiristain, nacido en Tolosa, zapatero de profesión y afiliado al Partido Comunista. Durante la Guerra Civil es un activo militante afiliado también a la UGT desde el 1 de mayo de 1936, alistado a uno de sus batallones y teniente de los batallones vascos de Madrid en Cataluña.

Con la caída de los principales frentes republicanos, la pareja debe huir a Francia en 1939 y se exilia en Burdeos, pasando previamente por los campos de Le Barcarès y Gurs.

José Miguel Beguristain sigue su actividad política en Francia. Se enrola en la Legión Extranjera y forma parte del equipo del Partido Comunista encargado de obtener documentación falsa para los militantes clandestinos. Por ese motivo, desde el exilio en una Francia ya ocupada por las tropas nazis, cruza dos veces en 1942 la frontera con la misión de conseguir cédulas personales y llevarlas a Burdeos. En esos viajes clandestinos, se juega la vida atravesando indocumentado la frontera previo pago a los contrabandistas.

Al regreso de uno de estos peligrosos viajes clandestinos, José Miguel Beguiristain encuentra que su esposa, María Guesalaga, ha sido detenida por los nazis. José Miguel desaparece y se pierde su rastro para siempre. María recala en el campo de tránsito de Compiègne, al norte de París, adonde llega el 28 de abril de 1943.

Dos días después, el 30 de abril, es enviada en un convoy con 1096 presas a Ravensbrück, un campo de concentración para mujeres, apenas a 90 kilómetros al norte de Berlín. Allí ingresa con el número de matrícula 19424 bajo el nombre de María Beguiristain, tomando el apellido de su marido tal como es costumbre en Francia.

En el campo conoce a Rita Pérez, asturiana y combatiente convencida por la libertad, que vivía con su familia en Burdeos desde noviembre de 1915 y que también llegó a Ravensbrück procedente del campo de internamiento de Compiégne. El marido y los dos hijos de Rita habían sido detenidos y enviados a campos de concentración. El marido, Gregorio Pérez, muere en el campo de de Sauchsenhausen. Paúl, el hijo menor, muere en el campo de exterminio de Orrienemburg. Francisco, el mayor, puede salir con vida del campo de Dachau.

“Hemos hecho lo que hemos hecho porque debíamos hacerlo. Combatir el fascismo, porque hay que combatir el fascismo donde quiera que esté. Gracias al hecho de haber ganado la guerra, el fascismo no se ha instalado en Europa…Gracias al triunfo de los Aliados, muchos países se han liberado”. (1).

Ambas, María y Rita, sobreviven a los horrores de Ravensbrück y a los experimentos médicos sobre mujeres y niños y regresan a Burdeos tras la liberación del campo por los aliados el 23 de abril de 1945.

La amistad entre ellas es fuerte. María, se acabará casando con Francisco, el hijo de Rita, en Burdeos, el 19 de noviembre de 1956, lugar en el que vivirán.

“El tío Paco era un señor, un señor hasta decir basta. Lo mejor que le pudo pasar a mi tía después de todo aquello, casarse con Paco”. (María Luisa Guesalaga, sobrina de Maria Guesalaga)

Durante el periodo de la dictadura franquista, María se cartea con su familia en Zarautz y en alguna ocasión pueden cruzar la muga para reunirse con ella. María, su sobrina, recuerda con cariño el momento en que recibían las cartas y los regalos que enviaba desde Burdeos su tía.

“Era la tía de todos. Nos hacía regalos, fue generosa en vida hasta la saciedad.” (María Luisa Guesalaga)

No obstante, en su familia y en el entorno de Zarautz, no se solía hablar de los acontecimientos vividos por María Guesalaga ni su paso por el campo de concentración. Eran años de silencio.

“No se hablaba, no se hablaba…yo no recuerdo, ni a nivel familia ni a nivel pueblo…Pudor, miedo, aquí había habido también una guerra. Mejor no escarbar”. (María Luisa Guesalaga)

Francisco Pérez morirá y María Guesalaga se quedará viuda. Continúa su vida en Burdeos incluso con la llegada de la democracia. En los últimos años de su vida, y debido a motivos de salud, decide regresar a Zarautz para estar cerca de su familia. Allí es cuidada por unos sobrinos.

Muere en su pueblo natal el 7 de marzo de 2005, a la edad de 97 años.

(1)Testimonio de Rita Pérez en: Neus Catalá. De la resistencia y la deportación. 50 testimonios de mujeres españolas. Península, 2000. isponible en línea en: www.ceibm.org/neuscata0000.html

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